Oración de la mañana
Salmo 87; Salmo 99 (Reina-Valera 1909). Liturgia de las Horas, Semana III.
Salmo 87
1SU cimiento es en montes de santidad.
2Ama Jehová las puertas de Sión Más que todas las moradas de Jacob.
3Cosas ilustres son dichas de ti, Ciudad de Dios. (Selah.)
4Yo me acordaré de Rahab y de Babilonia entre los que me conocen: He aquí Palestina, y Tiro, con Etiopía: Este nació allá.
5Y de Sión se dirá: Este y aquél han nacido en ella; Y fortificarála el mismo Altísimo.
6Jehová contará cuando se escribieren los pueblos: Este nació allí. (Selah.)
7Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes estarán en ti.
Salmo 99
1Jehová reinó, temblarán los pueblos: El está sentado sobre los querubines, conmoveráse la tierra.
2Jehová en Sión es grande, Y ensalzado sobre todos los pueblos.
3Alaben tu nombre grande y tremendo: El es santo.
4Y la gloria del rey ama el juicio: Tú confirmas la rectitud; Tú has hecho en Jacob juicio y justicia.
5Ensalzad a Jehová nuestro Dios, Y encorvaos al estrado de sus pies: El es santo.
6Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, Y Samuel entre los que invocaron su nombre; Invocaban a Jehová, y él les respondía.
7En columna de nube hablaba con ellos: Guardaban sus testimonios, y el estatuto que les había dado.
8Jehová Dios nuestro, tú les respondías: Tú les fuiste un Dios perdonador, Y vengador de sus obras.
9Ensalzad a Jehová nuestro Dios, Y encorvaos al monte de su santidad; Porque Jehová nuestro Dios es santo.
Oración del mediodía
Salmo 119:113–120; Salmo 79:1–5, 8–11, 13; Salmo 80 (Reina-Valera 1909). Liturgia de las Horas, Semana III.
Salmo 119:113–120
113Los pensamientos vanos aborrezco; Mas amo tu ley.
114Mi escondedero y mi escudo eres tú: En tu palabra he esperado.
115Apartaos de mí, malignos; Pues yo guardaré los mandamientos de mi Dios.
116Susténtame conforme a tu palabra, y viviré: Y no me avergüences de mi esperanza.
117Sosténme, y seré salvo; Y deleitaréme siempre en tus estatutos.
118Hollaste a todos los que se desvían de tus estatutos: Porque mentira es su engaño.
119Como escorias hiciste consumir a todos los impíos de la tierra: Por tanto yo he amado tus testimonios.
120Mi carne se ha extremecido por temor de ti; Y de tus juicios tengo miedo.
Salmo 79:1–5, 8–11, 13
1Oh Dios, vinieron las gentes a tu heredad; El templo de tu santidad han contaminado; Pusieron a Jerusalem en montones.
2Dieron los cuerpos de tus siervos por comida a las aves de los cielos; La carne de tus santos a las bestias de la tierra.
3Derramaron su sangre como agua en los alrededores de Jerusalem; Y no hubo quien los enterrase.
4Somos afrentados de nuestros vecinos, Escarnecidos y burlados de los que están en nuestros alrededores.
5¿Hasta cuándo, oh Jehová? ¿has de estar airado para siempre? ¿Arderá como fuego tu celo?
8No recuerdes contra nosotros las iniquidades antiguas: Anticípennos presto tus misericordias, Porque estamos muy abatidos.
9Ayúdanos, oh Dios, salud nuestra, por la gloria de tu nombre: Y líbranos, y aplácate sobre nuestros pecados por amor de tu nombre.
10Porque dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios? Sea notoria en las gentes, delante de nuestros ojos, La venganza de la sangre de tus siervos, que fué derramada.
11Entre ante tu acatamiento el gemido de los presos: Conforme a la grandeza de tu brazo preserva a los sentenciados a muerte.
13Y nosotros, pueblo tuyo, y ovejas de tu dehesa, Te alabaremos para siempre: Por generación y generación cantaremos tus alabanzas.
Salmo 80
1Oh Pastor de Israel, escucha: Tú que pastoreas como a ovejas a José, Que estás entre querubines, resplandece.
2Despierta tu valentía delante de Ephraim, y de Benjamín, y de Manasés, Y ven a salvarnos.
3Oh Dios, haznos tornar; Y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
4Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Hasta cuándo humearás tú contra la oración de tu pueblo?
5Dísteles a comer pan de lágrimas, Y dísteles a beber lágrimas en gran abundancia.
6Pusístenos por contienda a nuestros vecinos: Y nuestros enemigos se burlan entre sí.
7Oh Dios de los ejércitos, haznos tornar; Y haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
8Hiciste venir una vid de Egipto: Echaste las gentes, y plantástela.
9Limpiaste sitio delante de ella, E hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra.
10Los montes fueron cubiertos de su sombra; Y sus sarmientos como cedros de Dios.
11Extendió sus vástagos hasta la mar, Y hasta el río sus mugrones.
12¿Por qué aportillaste sus vallados, Y la vendimian todos los que pasan por el camino?
13Estropeóla el puerco montés, Y pacióla la bestia del campo.
14Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora: Mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña,
15Y la planta que plantó tu diestra, Y el renuevo que para ti corroboraste.
16Quemada a fuego está, asolada: Perezcan por la reprensión de tu rostro.
17Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, Sobre el hijo del hombre que para ti corroboraste.
18Así no nos volveremos de ti: Vida nos darás, e invocaremos tu nombre.
19Oh Jehová, Dios de los ejércitos, haznos tornar; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.
Oración de la tarde
Salmo 132 (Reina-Valera 1909). Liturgia de las Horas, Semana III.
Salmo 132
1Acuérdate, oh Jehová, de David, Y de toda su aflicción;
2Que juró él a Jehová, Prometió al Fuerte de Jacob:
3No entraré en la morada de mi casa, Ni subiré sobre el lecho de mi estrado;
4No daré sueño a mis ojos, Ni a mis párpados adormecimiento.
5Hasta que halle lugar para Jehová, Moradas para el Fuerte de Jacob.
6He aquí, en Ephrata oímos de ella: Hallamósla en los campos del bosque.
7Entraremos en sus tiendas; Encorvarnos hemos al estrado de sus pies.
8Levántate, oh Jehová, a tu reposo; Tú y el arca de tu fortaleza.
9Tus sacerdotes se vistan de justicia, Y regocíjense tus santos.
10Por amor de David tu siervo No vuelvas de tu ungido el rostro.
11En verdad juró Jehová a David, No se apartará de ellos: Del fruto de tu vientre pondré sobre tu trono.
12Si tus hijos guardaren mi alianza, Y mi testimonio que yo les enseñaré, Sus hijos también se sentarán sobre tu trono para siempre.
13Porque Jehová ha elegido a Sión; Deseóla por habitación para sí.
14Este es mi reposo para siempre: Aquí habitaré, porque la he deseado.
15A su mantenimiento daré bendición: Sus pobres saciaré de pan.
16Asimismo vestiré a sus sacerdotes de salud, Y sus santos darán voces de júbilo.
17Allí haré reverdecer el cuerno de David: He prevenido lámpara a mi ungido.
18A sus enemigos vestiré de confusión: Mas sobre él florecerá su corona.